martes, 1 de julio de 2014

Prestar libros y la pérdida de memoria.

Estaba a punto de picarme los ojos cuando se me ocurrió que podía aprovechar mi tiempo escribiendo una entrada en el blog. Porque de pronto hay días en que tengo una racha de escribir escribir y después me seco como desierto. En fin.

Estando los libros de Los juegos del hambre en su apogeo mi hermano me pidió prestados los dos primeros tomos. He encontrado entre mis amigos una víctima a ser adicto e iba a  prestárselos cuando me voy dando cuenta de que no están en mi librero, significando que mi hermano los seguía teniendo, el problema fue que sólo me devolvió el segundo y que -según él- el primero ya me lo había devuelto y surgió la pregunta del millón:

¿A QUIÉN le presté mi libro?

Pasaron miles de personas en mi cabeza, no podía recordar y fue cuando mi memoria hizo un desfile de libros prestados y no devueltos. La primera de las pérdidas fue Cien años de soledad en edición tapa dura, se lo presté a una amiga con la que dejé de tener contacto y nunca me lo devolvió, lo peor es que lo presté sin haberlo leído yo primero, de súper losers. También compré Ghost girl, por ese no sentí ni un poco de pena, ni por lo bonito, porque la verdad es que es mucha basura adolescente, casi vomité cuando lo estaba leyendo. Arráncame la vida -uno de mis favoritos- terminó con la misma fortuna, lo malo es que ese libro ni siquiera era mío, era de mi hermana. Perdí un libro de ortografía muy bien hecho, creo que era sencillo y práctico y di con su ausencia justo cuando empecé el blog y comencé a tener dudas existenciales de ortografía. 

Tal vez con la lista podría seguir y seguir, así que mejor les daré el consejo de que no sean mala onda y devuelvan los libros que les prestaron.

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